Padre Janacek: Un apóstol incansable

(noticia de AICA)

 

 

Misa de despedida del padre Eduardo Janacek de la Policía Federal ArgentinaBuenos Aires, 28 document.write(meses(5)); May. 09 (AICA)

 

El pasado 8 de mayo le fue otorgado al presbítero Eduardo Janacek el retiro del servicio activo de la Policía Federal Argentina que había solicitado hacía un tiempo. No estaba cansado. Al menos nunca dijo estarlo ni lo demostró. Pero teniendo en cuenta que el próximo 25 de julio cumplirá 84 años, se pensó que era bueno que disminuyera sus horas de trabajo.

     Es que el padre Janacek, además de Capellán Principal de la Policía Federal, es párroco del Patrocinio de la Virgen y asesor-director del Servicio Sacerdotal de Urgencia, tres apostolados en los que desempeña su ministerio sacerdotal con entrega total, como lo prometió hace más de cincuenta años cuando el obispo puso las manos sobre su cabeza y lo consagró sacerdote. Desde entonces, nunca retiró sus manos del arado ni miró para atrás.

     En la Policía Federal Argentina desempeñó su función de Capellán durante más de treinta años y a partir de 1995 ejerció el cargo de Capellán Principal.

     El 8 de mayo, aniversario de la creación del Clero Policial, el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, presidió una santa misa en honor de la Virgen de Luján, patrona de la Policía Federal Argentina. Durante la celebración el cardenal primado de la Argentina saludó calurosamente al padre Janacek y le agradeció toda la actividad pastoral que desarrolló durante tantos años y de una manera tan generosa y magnánima, aún en sus altos años.

     También ese día recibió un saludo especial del Jefe de la Policía Federal Argentina, comisario general Néstor Jorge Vallecca, quien le agradeció tantos años de incansable labor al servicio de la familia policial.

     Si bien el padre Janacek deja el servicio activo en la Policía Federal, seguirá ejerciendo como párroco del Patrocinio de la Virgen que se encuentra dentro del predio del Complejo Hospitalario Policial “Churruca-Visca”, en el barrio porteño de Parque Patricios.

     Cuentan que cuando oye el típico ruido de un helicóptero, deja todo lo que está haciendo y con la sospecha de que llega algún policía herido se dirige rápidamente al hospital para atenderlo espiritualmente, pese a que el hospital tiene su propio capellán.

De Europa Central a Gerli

Me dicen Janacek, pero mi apellido se pronuncia “Ianáchek”, solía decir cuando joven, pero al comprobar que era inútil la corrección se acostumbró a que lo llamaran con la pronunciación castellana. Su apellido denuncia su origen centroeuropeo. Eduardo Alejandro Janacek nació en Holic (Eslovaquia) -y no en la República Checa, como insiste la Guía Eclesiástica de Buenos Aires- el 25 de julio de 1925, siete años después de terminada la Primera Guerra Mundial, cuyos horrores conoció su madre Francisca que trabajaba en la estación ferroviaria de aquel pueblo.

     La Argentina le abrió sus brazos al grupo familiar integrado por su madre, su hermano mayor Tibor, y su hermana menor Vilma, siendo él un adolescente, no obstante lo cual aún conserva un levísimo rastro de acento foráneo.

     En la década del 40 las calles de Gerli, una barriada obrera del Gran Buenos Aires, conocieron de sus afanes apostólicos y de su entusiasta militancia en las filas de la Juventud Obrera Católica. Lo conocí un día en una de esas calles cuando voceaba a todo pulmón “Juventud Obrera”, el periódico de aquel movimiento. Me conquistó. Después éramos dos los que con un fajo de periódicos bajo el brazo lo ofrecíamos a los vecinos o incursionábamos por las sedes sindicales y hasta alguna vez nos aventuramos en un mitin comunista. Otras veces lo esperaba a la salida de la fábrica Siam, donde él trabajaba como obrero metalúrgico, y juntos ofrecíamos a la masas de trabajadores el periódico de la JOC.

De la fábrica al seminario

Un día Eduardo, leyendo “la Hora de la Clase Obrera”, de monseñor Enrique Rau, se enteró que el fundador de la JOC, José Cardijn, ante el cadáver de su padre muerto en una mina de carbón de Bélgica, hizo la promesa de ser sacerdote para poder evangelizar a la clase obrera, sobre todo a la juventud.

     Sin oponer el más mínimo obstáculo a la voz del Espíritu, resolvió ingresar al Seminario de Villa Devoto, donde no sin dificultades logró cumpletar sus estudios eclesiásticos y cumplir con su vocación. El domingo 1º de diciembre de 1957, en la catedral metropolitana, el Administrador Apostólico de Buenos Aires, monseñor Fermín E. Lafitte, lo ordenó sacerdote, junto con otros doce, entre los cuales Vicente Bártolo, Salvador Bonanno, Juan De Bonis, Cayetano Saladino y José Torquiaro (Miguel Woites).+